No se trataba de los dulces en sí, sino de las enormes posibilidades que tenían los niños de ser felices al comerlos. Fuera los problemas, una onza de chocolate Wonka era suficiente para provocar una enorme sonrisa entre los más pequeños. Un chicle que te hacía volar, una piruleta que te hacía cambiar de color, una regaliz interminable o una chocolatina que te encogía. No recuerdo ahora cuáles eran las golosinas exactas que aparecían en el libro, pero sí sé que allí dentro, en aquella fábrica de sueños, todo era posible.
La primera vez que visité la fábrica de Willy Wonka tendría como mucho 12 años. Estaba tan emocionada como Charlie Bucket y sentía la misma curiosidad que todos los que iban a entrar allí por primera vez desde hacía años. Había leído que las golosinas del señor Wonka eran toda una maravilla, que te permitían hacer o experimentar cosas impensables al comerlas, cosas que nadie se explicaba cómo podían suceder. Volar, hacerse invisible, hacerse diminuto, convertirse en un gigante, cambiar de color, transformarse en un animal... Corrían rumores de todo tipo y algunos eran ciertos. Pero pese a todas las maravillas que pudieran hacer aquellas golosinas, nada podía vencer al chocolate Wonka. Tenía un sabor delicioso, único en el mundo, y una textura suave que agradaba al paladar. Llegué a saborearlo gracias a la minuciosa descripción que hizo Charlie del momento en el que lo comió por primera vez, aunque sigo muriéndome por probarlo de verdad.
Todavía hoy sigo teniendo el recuerdo de aquella visita a la fábrica, de aquella sensación de que todo era posible, de que todos mis sueños podían hacerse realidad y de que el éxito de ello dependía únicamente de mí. Tan sólo tenía que disfrutar de aquellas golosinas, de dejarme llevar. Charlie y la fábrica de chocolate me enseñó a ser feliz con lo que se tiene, a disfrutar de cada momento, a ver la vida con optimismo, a no dejarme llevar por la avaricia y el egoísmo, y a dejar volar la imaginación. Gracias a esta y a otras historias de Roald Dahl crecí llena de optimismo. Leer te hace mejor persona, abre tu mente y refuerza lo bueno que hay en tí y creo que, en mi caso, de pequeña di con un autor que me transmitió valores muy positivos como los que he comentado.
El año que viene se cumplirán 50 años desde que Roald Dahl publicara uno de mis libros favoritos. Charlie y la fábrica de chocolate celebrará tan señalado aniversario durante el 2014. Todavía no sé qué organizarán los responsables del legado de Dahl, pero desde la página oficial en Facebook ya han adelantado que habrá muchas sorpresas. Cuando me enteré de la noticia no cabía en mí de alegría, no hace falta que insista de nuevo en lo importante que es y será siempre esta obra para mí. Siento ser pesada, pero esa parte de mí no quiero perderla nunca con el paso de los años. Me veo a mí misma dentro de muchos años como una anciana que sigue soñando con poder volar. Volviendo al presente, este año prometo festejar este 50 aniversario de alguna manera, ya se me ocurrirá cómo. De momento, aquí tengo unas muy buenas y muy dulces ideas. Coged una servilleta, que lo vais a dejar todo lleno de babas...
En fin, hoy he querido compartir con vosotros esa felicidad que me embarga cuando me entero de tonterías como esta del 50 aniversario. Ver la vida con unos ojos así de vez en cuando no hace ningún mal. Bastantes problemas se nos presentan en el día a día y nos privan de tranquilidad, por eso es bueno disfrutar de las pequeñas cosas, aunque duren un breve instante. Por último, me gustaría dedicar este post a dos personas que sé que han disfrutado tanto como yo de este excéntrico Willy Wonka y su maravilloso mundo de ensueño: Jéssica y Maria José. La primera ha hecho una tarta espectacular basada en la peli de Tim Burton, os dejo más abajo la foto; la segunda tiene un hijo pequeño quien, según me dijo, era tan fanático de la historia como yo. Creo que las dos me habréis entendido mejor que nadie :)
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Soy fan total de esta tarta y otra que tiene de Eduardo Manostijeras, entrad en su página de Facebook para ver más https://www.facebook.com/CuCu.cupCakes |
¡Mañana más!